jueves, 1 de septiembre de 2011

La huella de tu ausencia...


La huella de tu ausencia
se compila
en un libro de susurros
que en vano
intentan
cartografiar los sueños...

Impotentes, tornan
pesadillas
empeñadas en
detener
el tiempo que resta
y convertir cada mañana
en un mar
de pájaros muertos.

domingo, 28 de agosto de 2011

No son mis noches (...)

Dori...


No son mis noches,
ni mis días,
ni mis horas.

Llanto
y silencio.

Amor.

Los años irán pasando
con tormentas sin agua.

No son mis noches
                  aunque me pesen tus ojos.
No son mis días
                  aunque apuntale tu sonrisa forzada.
No son mis horas
                  aunque me contagien tus lágrimas.

Llanto y silencio.

Muerte.

Amor.


viernes, 19 de agosto de 2011

Llegar a una filosofía desde una mirada.


Llegué a Hannah Arendt hablando de revoluciones en la cantina de la Facultad de Filosofía, en torno a unos cuantos muchos litros de cerveza...
Antes me había acercado a ella, casual y tímidamente, casi con desinterés, desde Walter Benjamin y diferentes trabajos sobre él, de un lado; y desde la presencia de Günther Anders en el ecologismo y el antimilitarismo, de otro.
Finalmente me enamoré de ella. Primero de una fotografía. Y después, quién sabe si por amar primero esa imagen, o por leerla con mejor predisposición; de sus palabras e ideas.


En la portada del libro de Elisabeth Young-Bruehl, Hannah Arendt, 1906-1975. Per amore del mondo; la fotografía la mostraba apoyada en la pared, vestida de negro, abotonada hasta el cuello; el pelo recogido pero empezando a soltarse, rebelándose; los brazos cruzados bajo los senos a la altura del vientre, con un cigarrillo entre los dedos índices y corazón de la mano derecha.
Fue su mirada la que me obligó a leer, en feroz combate contra mi desconocimiento del italiano, ese libro.

En páginas centrales se repite, en el contexto de un breve viaje gráfico por su vida, la foto en cuestión, fechada en 1933. Y en esas páginas su sonrisa, su cabello rebelde y, de nuevo, sus ojos, protagonizan otros intensos instantes detenidos. Uno de ellos, un retrato de 1924, deja entrever el ánimo insolente, inconformista,... En otro posterior, realizado en París, sigue vistiendo de negro, el pelo corto pero aún revolicao, el cigarrillo de una mano reflejo del paso del tiempo, las ojeras reflejo del paso de la vida y la mirada, otra vez la mirada, igual, pero distinta.

Su mirada... siempre su mirada... Triste o resignada. Fuerte y provocadora. Su mirada... Como si quisiera que penetrara en ella... 
Y miro (y leo) en todas direcciones intentando entrever el objeto, la causa, de esas miradas...
¿La (¿imposible?) libertad?

jueves, 18 de agosto de 2011

El mapa de mí mismo.

Trazo en los márgenes de los libros
el mapa de mí mismo:
Ideas sueltas,
fragmentos,
apuntes deslavazados
e inconclusos
condenados al olvido.


viernes, 29 de julio de 2011

El encuadre perfecto...


Es difícil, pero posible, que la voz se haga visión, y viceversa...
Pero ¿Y el encuadre perfecto?
¿Es posible?
¿Es deseable?

miércoles, 27 de julio de 2011

En servilletas...

en servilletas
con membrete de bar
se dan la mano
pasados y futuros
gracias por su visita

viernes, 22 de julio de 2011

(Para) repensar el espacio público...

El espacio público es de todos y todas, puede darse por cierto.
Pero esa certeza, más procedimental que real, no debe llevarnos a donde ya estábamos: A un espacio de tránsito, en el fondo vacío o sobre dirigido; domesticado, que no doméstico; un espacio sin libre uso.
Por ese camino nos quedamos en la democracia existente. La de las grandes palabras vacías; la de los grandes principios convertidos en falacias...

domingo, 10 de julio de 2011

Las visas de mi pasaporte (...)

Las visas de mi pasaporte
son sendos puñados de arena de costa y de río,
un guijarro de aristas y un canto rodado,
un repertorio de miradas que no controlo del todo
y un archivo de sonrisas pequeño pero intenso.
 

viernes, 8 de julio de 2011

K.O. técnico.

Si me atreviera...
Pero no me atrevo...
Ni a hacerlo sin tu permiso; ni a pedirte permiso...

Creo que tu mirada se ha cruzado con la mía unas cuantas veces...
Y quizá te moleste...

Si me atreviera...

Una foto.
Sólo una.
Sin preparar.
Sin zoom.
Sin flash.
Desde esta mesa en la que escribo, con la cámara al lado de la cerveza, premeditadamente colocada con aparente desidia.

Pero no me atrevo...
desde esta mesa en la que te escribo.
Si me atreviera...
desde esta mesa en la que te observo.

Una foto.

Tu delgadez,
no extrema,
pero casi.

Tus ojos, aunque apenas los adivine.
Tus gafas.
Y el pelo en el que se pierden las patillas.
Y lo que puedo ver de tus orejas.
Tu cuello.
Tus manos.
La manera en que te tocas la mejilla, la barbilla, los labios.
La conversación que mantienes
con esa persona que queda fuera de mi campo visual
¿Tu novia? ¿Tu pareja? ¿Tu amor?

Naufrago en mi propia mirada.

En la cobardía que frena un click dejas el bar
sin darme tiempo a acercarte este borrador
de relato breve
en semi-verso.

Sonríes en esta dirección.
¿Me sonríes?

K.O. técnico a ritmo de blues.

Y sólo son las doce del medio día.